Ponerte en contacto con la Palabra, para allí encontrar a Jesús no es solamente un primer paso, evidente en el esfuerzo de ser cristianos, es, sobre todo, una aventura fascinante e interminable.

¿Para ti quien soy? preguntó un día Jesús al grupito de los más cercanos, los íntimos. En realidad todo bautizado, antes o después, está llamado a enfrentar, en carne propia y en la soledad del corazón, esa pregunta.

¿Cuántos de nosotros, bautizados, conocemos a Jesús por los ojos de un tercero? Terceros que pueden ser de diferente calificación como reveladores de Jesús, pero que, finalmente, son filtros entre Jesús y yo.

Terrible e inútilmente conocemos a Jesús así, porque no tendremos posibilidad real de responder ¿para ti yo quien soy? o su paralela, ¿para ti Él quien es?

A Pablo, la Palabra que conocía como fariseo, lo llevó a Jesús y con ella alimentó ese encuentro tan personal que tuvo, antes de salir a predicar que él no conoce más que a Cristo y a éste crucificado.

Nuestra portada de la revista La Cruz de Julio-Agosto

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